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Cultura
Paco de Lucía, un genio, o el arte de convertir las manos en alas
El guitarrista algecireño ofrece un impresionante concierto en la localidad asturiana
Noticia añadida el día 28/07/2010 a las 04:43 h
Salió a la arena, a las tablas, al tablao, en principio en solitario, con la camisa blanca de mangas largas doblada en el puño izquierdo, con el chaleco casi otoñal que no se quita ni en las vísperas del ferragosto, serio, esbozando esa media sonrisa de los tímidos a cuya tribu pertenece, concentrado, siempre asumiendo la extrema responsabilidad que le hace decir que siente tanto amor como odio por las seis cuerdas que se multiplican hasta el infinito bajo su poder
ALBERTO PIQUERO / AVILÉS
Y tras los primeros acordes, ya todo fueron cositas buenas, técnica suprema y heterodoxia con rango de maestría. Se incorporaron, a partir del segundo tema, dos espléndidas voces y posteriormente la segunda guitarra, el bajo de Alain Pérez, la armónica celestial de Antonio Serrano o el baile de Farruco, ese niño que a los dos años debutaba en Berlín y que ha elevado el zapateado a las cumbres donde la tarima es a un mismo tiempo la trepidación y el eco, taconeo limpio y vertiginoso.
Al mando, Paco, dejando hacer, sin acentuar su protagonismo, bordando las frases líricas de las falsetas, el compás redoblado y jaranero de las bulerías, la hondura y el matiz de las seguiriyas o el contagioso nerviosismo de la rumba, entre palmas y cajón. Un delirio.
Después de una hora de concierto, concedió 15 minutos de tregua a modo de descanso de un entregado
público que llenaba las butacas del teatro avilesino. Momento también para tomar aire para De Lucía y su elenco de artistas. El regreso fue igual de triunfal.
Se cuenta que durante una entrevista que Paco de Lucía concedió por primera vez en televisión, a Jesús Quintero, 'El loco de la colina', tras preguntarle cuál de las dos manos era más importante en el arte de la guitarra, respondió que la izquierda era la más inteligente y que la derecha sólo ejecutaba. Ignoro la ironía política que conllevaba la réplica. Lo que se sabe es que unos días después, allá por 1976, un grupo de ultraderecha se dio por aludido y asaltó al genial guitarrista de Algeciras con el explícito propósito de que las notas mágicas que salen de su caja de resonancia no volvieran a volar. Le pisaron los dedos, hasta que una intervención afortunada de gentes de alrededor impidieron que se consumara la vileza.
El atentado no alcanzó sus fines para inmenso gozo de los públicos que, como el de ayer en el avilesino Teatro Palacio Valdés, comprueban que los apéndices donde acaban sus brazos, en realidad son dos alas y que parafraseando uno de sus títulos más gloriosos, 'Entre dos aguas', le corre un manantial puro, vigoroso y cristalino, entre el índice y el corazón, en el ápice del anular o en las travesuras orfebres del meñique. Fuente y caudal, que proclaman sus tarantas, o río y aire, es difícil precisar el dominio que Paco de Lucía, Francisco Sánchez Gomes en la pila bautismal, logró establecer sobre los trastes. El Premio Príncipe de Asturias de las Artes de 2004 es el monarca de la guitarra.
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